martes, 30 de junio de 2015

Una placita en el corazón de la ciudad de Avellaneda



Avellaneda es la ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires y se encuentra separada  de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Rio Matanza- Riachuelo,  para cruzar de un lado al otro en transporte público, solo se necesitan 10 minutos. Su nombre original fue Barracas al Sud, por la gran cantidad de barracas establecidas a lo largo de la riberas del Riachuelo, y hace unos años solo era considerada una ciudad “de paso” hacia el centro porteño.
 
Hoy Avellaneda es una ciudad con cultura propia. Uno de los lugares más característicos de esta ciudad es la conocida “Placita Alsina”, la cual tuve la oportunidad de visitar contadas veces. Ubicada sobre Av. Mitre, principal arteria vial de la ciudad, entre las calles Alsina y Gral. Lavalle,  abarca aproximadamente una manzana, tiene un patio de juegos muy modernos, y espacios para sentarse y pasar el rato, el monumento a Nicolás Avellaneda se encuentra en el corazón de la plaza, y está rodeado de espacios con césped y arboles. La última vez que visité el lugar utilicé la línea de colectivo 17, lo tomé en el metro bus de la ciudad de Buenos Aires y solo tardé 25 minutos en llegar. 

Es muy fácil viajar hasta allí por la gran cantidad de colectivos que por allí circulan, llegan  tanto desde otras zonas del conurbano bonaerense como desde el centro porteño. 
Aquella vez que visité la placita era pleno invierno y  la luz del sol iba apagándose de a poco. Me bajé del colectivo en Av. Belgrano y caminé un par de cuadras. Con las manos en los bolsillos tratando de conservar un poco el calor ingresé a la plaza desde la calle Alsina. Me encontré una placita colorida y ruidosa, invadida por niños con guardapolvos y uniformes escolares que  habrían salido de la escuela hacía pocos minutos y poco les importaba el frío que a mí me desesperaba. Las madres ocupaban los asientos mientras charlaban y tomaban mate, por lo que deduje que tal vez, llevar a sus hijos a la plaza luego de la jornada escolar, ya sería una costumbre. Crucé el patio de juegos en dirección a la calle Lavalle. Cerca de los juegos  y enfrente de la plaza, se encuentra la parroquia Nuestra Señora de Asunción, en frente de ésta, unos adolescentes jugaban a la pelota en remera, mientras otros esperaban su turno para jugar, sentados en la puerta de la iglesia. La conocida Catedral de Avellaneda tenía un cartel que detallaba los horarios en los que se podía visitarla (lunes a viernes de 8 a 19 hs, domingos misa de 9 a 11hs). Observé que la iglesia, si bien estaba rodeada de imponentes y altísimos edificios, no dejaba de llamar la atención con su arquitectura relativamente moderna. A la izquierda del edificio, y delante de éste se alzaba una inmensa cruz. Además en la entrada, el pasto estaba bien cortado y los arbustos podados, dando cuenta del buen estado y mantenimiento del establecimiento.
  
Ingresé a la iglesia y me senté en uno de los tantos bancos de madera junto con otras personas que en silencio oraban plegarias. Constaté que la arquitectura por dentro también era moderna, sin embargo el ambiente era frío  y un tanto sombrío, y el silencio profundizaba en mí la sensación de soledad. Había poca entrada de luz natural y varios sectores de la capilla estaban en penumbras, además las paredes estaban pintadas de un verde oscuro y apagado que no ayudaba para generar un ambiente cálido. Justo enfrente de los bancos se alzaban las estatuas de un Jesús crucificado y a su derecha e izquierda otras figuras reconocidas por la iglesia. Por debajo de esas estatuas había adornos con flores que parecían de plástico.  En frente de las estatuas y opuesto a los bancos donde se sentaba la gente, había una mesita con un mantel blanco vacía, donde supuse el cura se ubicaba para habar los días de misa. Desde la entrada luego de unos minutos de silencio total se comenzó a escuchar un suave murmullo. Eran  mujeres que intercambiaban palabras de aliento, cortando por minutos aquel silencio triste. La verdad que no tenía nada de especial aquella parroquia con otras que he visitado, por lo general el ambiente es el mismo; los bancos, las imágenes bíblicas y hasta las personas que allí concurren, o al menos yo suelo percibir siempre lo mismo de estos lugares, poco acogedores y frívolos.

Salí  de la Iglesia un tanto apurada, esquivando  un amontonamiento de ropa que funcionaba de  arco improvisado y continué mi recorrido dirigiéndome hacia la Avenida Mitre, donde estaba la  feria de artesanos. Los puestitos estaban ubicados en la zona de la plaza que da a la Avenida, y sobre la otra calle,  Gral. Lavalle. Ingresé a la feria desde Lavalle, y comencé a observar lo que cada puestito ofrecía. Todos los productos que se vendían  eran artesanales, y los precios  accesibles.

Apenas comencé a adentrarme en la feria, me invadió el olor a incienso de vainilla que impregnaba  el  lugar, mezclado con olor a madera. Observé que muchos de los vendedores estaban trabajando y elaborando artesanías  al mismo tiempo que atendían y conversaban, con mates de por medio, con sus vecinos de los puestos.

Se vendían objetos de plata, madera, cuero, cerámica y vidrio, entre otros, también ropa y calzados. Si bien a medida que el sol se ocultaba y la temperatura iba en descenso, el ambiente de la feria era cálido y alegre. Había muchas personas paseando y  deteniéndose en cada puestito. Por momentos compradores y vendedores hablaban como si se conocieran de toda la vida, lo que me hizo suponer que los vecinos solían comprar con relativa frecuencia en la feria artesanal y ya conocían a los artesanos. Por eso, si bien Avellaneda centro se caracteriza por la gran cantidad de edificios, locales y tránsito, parece ser que perdura cierto sentimiento barrial, al juzgar por la relación entre vecinos. Una conversación entre ambos me dio la razón; “¿cómo va eso?” preguntó un señor al pasar por un puesto que vendía ropa, “acá la estamos remando, José. Se pone un poco jodido a fin de mes” contestó el vendedor mientras tejía lo que parecía una bufanda. Seguí caminando, esquivando gente y mirando los estantes de cada puesto, hasta que llegué a uno en el que vendían adornos de vidrio, me sorprendieron en especial unas pequeñas macetitas que contenían unos cactus de vidrio de muchos colores. Los adornos eran muy lindos, y al haber distintos tamaños los precios variaban desde $30 hasta $170. Compré un adorno para regalar y me sobró dinero para comprar en otro puesto, una mini cajonera de mimbre a solo $70. La feria es un  lugar muy recomendable para comprar regalos, dado que los productos son particulares y hechos a mano, además hay precios para todos los bolsillos. Es preferible en mi opinión comprar allí  antes que en locales de marcas masivas, porque cada producto es único y da la sensación de que se regala algo especial a las personas que queremos. La artesana que me vendió la cajonera de mimbre me comentó que la feria abre todos los jueves y viernes de 10 a 21 hs. Me sorprendió mucho como al avanzar la tarde, (ya eran las siete  pero estaba muy oscuro) la feria se iba llenando cada vez más de gente. Y me sorprendió porque la plaza está rodeada de locales, y sin embargo la gente elige comprar artesanías.
  
Recorrí la feria hasta que terminaron los puestos. A medida que me alejaba del monumento de la plaza, un tanto aturdida por el ruido que generaban los colectivos, motos y autos, (ya era hora pico, y la gente regresaba de capital federal de trabajar y estudiar) dirigí la mirada atrás para observar el patio de juegos que ya estaba vacío y poco iluminado. Los niños  no estaban, ni siquiera los chicos que jugaban a la pelota, y si bien estaba ya a varios metros de distancia de la feria, el olor a incienso persistía con fuerza, o tal vez había quedado impregnado en mi ropa. Al cruzar la Avenida Mitre tuve que preguntarle a un vecino por la parada del 22, que no localizaba por ningún lado.  “Fijate que los bondis que cruzan a Capital paran todos allá” dijo señalando una parada de colectivos cerca de donde yo estaba. (Los argentinos usamos la palabra “bondi” para hacer referencia al colectivo). Me dirigí hacia donde el hombre me indicó, y esperé  a que el próximo 22 parara en ese lugar. Me senté y esperé unos minutos el bondi para regresar a mi casa en San Telmo, después de haber pasado una linda tarde fría en la plaza céntrica de la ciudad de Avellaneda.

Leila Bitar.

bitar.7@hotmail.com


Presentación del Blog

Hola a todos, en este blog la idea es presentar distintos lugares históricos que caracterizan a la Ciudad de Avellaneda, destacando y describiendo los lugares más importantes de la localidad.

¡Esperemos que puedan disfrutar este blog!